Fuera del hospital, Fernando, sostenía un café caliente, mientras admiraba la nieve que comenzaba a caer sobre Madrid.
—Veo que has logrado salirte con la tuya. — la voz de Henry Toledo interrumpió sus pensamientos, y Fernando lo vio fumando un cigarrillo.
—Ese es un mal hábito. — soltó con simpleza el rubio tatuado.
Henry dio una calada de su cigarro.
—Vine hasta aquí pensando en rescatar a Aitana, pero ahora sé que ella no quiere ser rescatada…enamoraste a una mujer valiosa, la más valiosa de