Ese nombre ya había aparecido antes en sus vividos sueños, en los labios de una mujer desconocida que hablaba de una hija que no tenía. Ese nombre era el mismo que esa extraña mujer que lo miró con horror fuera de ese hospital había pronunciado, y también Aitana Mendoza lo había llamado de esa manera antes de desmayarse en el estacionamiento.
Una sonrisa se dibujó en su rostro. Esa jovencita estaba esperando un hijo con Fernando Toledo y estaba seguro de que esa criatura sería la más amada por