— Oh lo siento mucho. —
Aitana se disculpaba con un hombre que había chocado accidentalmente con ellos.
— No se preocupe señorita. — respondió el extraño.
Sin darle mayor importancia, Aitana y Fernando caminaron hacia la salida del aeropuerto en dónde ya su chofer los estaba esperando. Aquel hombre miró con una sonrisa maliciosa a la hermosa castaña y luego tomó su celular para marcar un número.
— Listo, tengo lo que me pediste, estuve esperando más de seis malditas horas a qué llegaran porque