La señora Toledo sintió un fuerte deseo de golpear a ese hombre arrogante que tenía delante. Para nadie era un secreto lo mal que Augusto Mendoza trataba a su hija mayor y el día de la boda eso le había quedado mucho más que claro. Por alguna razón ese hombre y su hija menor estaban dispuestos a todo para perjudicar a la esposa de su querido Fernando, pero no iba a permitirlo.
— Por favor, no se haga el mustio conmigo, Augusto, se demasiado bien que usted o su otra hija están detrás de esto, no