—P-porque en realidad nunca nos habíamos duchado juntos… — aclaró la joven al responderle a su esposo. — Hacemos este tipo de cosas en su lugar. — mencionó la hermosa castaña al verlo a los ojos.
Fernando le sonrió de medio lado antes de morder su labio y observarse bajo la cristalina agua acariciar y separar los pliegues femeninos entre sus dedos.
Aitana respingó suavemente cuando él la penetró con sus dedos sin esperarlo; ella gimió y él se acercó a ella mientras deslizaba un tercer dedo en s