Fernando tensó su mandíbula al desear más de ella, deseaba hacerla llegar al orgasmo y verla soportar esa lucha entre su pudor y su pasión por gobernarla…siendo esta última quien terminara por salir a flote para su deleite, Aitana era deliciosa, su inocencia, su timidez, algo muy de ella y ahora, era solo de él. Tan solo de él…para siempre.
Aitana se abrazó al cuello de su amado esposo, cuando su cuerpo se adormeció y Fernando mordió su hombro.
—¡Aghh! Fernando… — ella gimió en su oído haciéndo