María Conchita fue quien recibió a Libi y la guio hacia la terraza. Irum bebía un té, con su rostro más pálido de lo habitual protegido bajo un quitasol.
—¿Recordaste que tenías una conversación pendiente conmigo también?
Libi asintió y se sentó frente a él. No le quitaba la vista de los huesudos dedos con que cogía la taza.
—Me equivoqué al ir a visitar a Damien, ya no tengo nada pendiente con él.
—No estoy tan seguro. Siempre será un fantasma entre nosotros porque no lo has superado y franca