—¿Cuánto durará la cita?
—¡Dios, K! Eso no se pregunta en las citas, cualquiera diría que te estoy obligando. Si no quieres ir, no hay problema, no quiero que te estés quejando toda la noche.
—¡¿Toda la noche?!
Lucy frenó el auto en el acto. Ni siquiera se habían alejado cincuenta metros de la casa de K.
—Adelante, baja. No quiero que hagas algo que no quieres.
—No es eso, Lucy. Es sólo que surgió algo y necesitaré desocuparme temprano.
—¿Algo de tu trabajo de agente secreto?
K rio y se a