Tras rechazar la propuesta de Lucy de recogerla para ir a clases, Libi se montó en su auto y llegó por su cuenta. Sus brazos y piernas terminaron agarrotados de lo tensa que estaba, pero lo había logrado. Con cada caída que la desarmaba, la vida empezaba a concebirse a fragmentos, pequeñas etapas a superar para recuperar la fuerza y estabilidad. Estar en público era otra de ellas, pero tenía amigos que no la dejaban sola.
—¿Un regalo para mí? No tenías que molestarte, Libi —pese a sus palabras