Todavía a la espera de los documentos que debía entregarle Alejandro para revocar la interdicción, Irum aguardaba su regreso a empresas Klosse trabajando desde casa. Francamente todo estaba hecho un desastre, así pasaba cuando se les daba libertad a quienes no sabían administrarla.
La libertad y el libre albedrío debía ser dosificados o sus empleados acabarían convertidos en una pandilla de monos. Y los monos ya se habían reproducido lejos de su diligente y estricto mando.
Dejó el despacho a