Irum rompió el silencio, que había mantenido durante todo el viaje de regreso, en cuanto estuvieron solos en la habitación.
Libi permaneció parada en el umbral, sin atreverse a avanzar más y lista para correr por el pasillo, esperando ver los frutos de lo que su mejor amiga había cosechado. Con amigas así no necesitaba enemigas.
—¿Cuándo me invitarás de nuevo a salir con tu amiga? Para prepararme mentalmente.
Irum se quitó el reloj. Revisó que funcionara bien y lo dejó en el velador. Todo olía