Lo primero que sintió Libi al despertar fue un terrible dolor de cabeza. Palpó dos grandes chichones y ya no quiso tocar más. Lo siguiente, más allá de los dolores que se repartían por distintas partes de su cuerpo, fueron los aromas. Olía a sangre y vómito, humedad y polvo. El vientre se le apretó y tuvo unas arcadas que sólo le arrancaron lágrimas.
No oía nada más allá de los sonidos que hacía su propio cuerpo.
De a poco se le fue aclarando la vista. Las paredes del pequeño cuarto eran grises