Libi se quedó con la sillita para el auto en la mano. Era la segunda vez que Miranda le pedía salir con Espi y nuevamente había aceptado al ver el entusiasmo de su hija, pero que la mujer hubiera conseguido su propia silla para ella le produjo una molesta sensación de incomodidad.
—Estás celosa —concluyó brillantemente Lucy cuando Libi le contó dónde andaba Espi.
—Eso es absurdo, yo soy su madre, ese vínculo no se puede comparar con el que pueda establecer con Miranda.
—Cierto, pero aquello n