Libi llevaba cinco minutos mirando su guardarropas tan bien provisto, sin hacer movimiento.
—¿Ya hiciste tus maletas? —preguntó Irum, que iba y venía por todos lados. Su energía parecía inagotable.
—No. No me has dicho a dónde vamos, no sé qué tipo de ropa llevar.
—Lleva de todo un poco —respondió él y le dio un beso en la sien.
—¿Para el fin de semana?
—Una semana —corrigió Irum.
—No podemos dejar a Canela sola durante una semana.
Desde que volviera de la clínica, Libi no se separaba