Si Libi no aceptaba la proposición de Irum, él jamás se bajaría de su auto, así que aceptó a regañadientes. Actuaba bajo coerción, eso se decía ella mientras conducía, con curiosidad creciente. No nevaba, pero la noche estaba muy fría y las calles moteadas de nieve.
Se detuvo afuera de un bar.
—De acuerdo —dijo ella—. Baja, haz lo que tengas que hacer y luego te llevaré a tu casa.
—No quiero estar en un bar, no es un lugar que el yo adolescente visitaría. ¿Por quién me tomas? —se había ofendido