—¿Dónde está mi papi?
Espi esperaba junto a la puerta por su llegada, con su credencial de la empresa, su corbata y un maletín de cuero que le había dado Irum. Dentro guardaba el conejito, una colación y sus materiales de trabajo.
—Tal vez se retrasó. Lo esperaremos cinco minutoas más y nos iremos, yo también tengo que trabajar.
—Llámalo para que venga —pidió Espi, con angustia.
Lo que menos quería Libi era que él se la llevara, así que si se ausentaba, mejor para ella.
—Lo intenté, pero no