Capítulo 117.1-Eren Eardwulf en Escena Parte 12-1

Acto I- Estaré ahí para ti (Parte 1)

Jamás me he sentido tan desesperado al ir en contra del reloj, algo me dice que con cada segundo la brecha entre ella y yo se hace mayor. Mi respiración se agita aunque Edward intenta calmarme. ¿Por qué tengo este mal presentimiento?

—La encontraremos, Er.

Mi hermano menor me da palmadas en la espalda. Me siento vulnerable y eso no me importa en absoluto, solo quiero verla. Si la pierdo no sé qué haré…

—Al parecer no fue a ninguna editorial de manera presencial sino que aplicó en línea para solicitar un puesto en distintas vacantes…

Lo sé, estuve ahí durante las llamadas. Me confirmaron mis peores sospechas cuando todas ellas son en otra ciudad o pueblo. Ella quiere irse, su deseo es alejarse de todos y tengo la certeza de que al menos el 98% es por mi culpa.

Incluso alejé a su mejor amiga por orgullo…

Alguien abre la puerta sin tocar, es Liam quien me ve con horror.

— ¡WOLF!

— Er no tiene cabeza para nada en este momento que no sea buscar a la señorita Beckham, por favor no lo alteres—Dice Ed al ver que no trae buenas noticias.

—Beckham… ¿La están buscando? Yo la vi hace un momento…

Mi corazón da un vuelco de solo escuchar algo de ella.

— ¿La viste? ¿En dónde está?

—Lo siento, Wolf. Lo siento tanto.

Cuando dice “Lo siento tanto” es como si se me viniera todo el mundo encima. Antes de perder el control intento desesperadamente aferrarme a la posibilidad de que esas disculpas son por algo más y no confirmando alguno de mis peores temores con las distintas variables catastróficas que tengo en mi cabeza.

— ¿Por qué te disculpas? ¡Que la hayas encontrado es maravilloso…!

—No, deja que termine, Wolf. La vi a las cinco y quince de la tarde.

— ¿Y dónde está? —Digo con algo de esperanza, tal vez esa disculpa es por dejarla ir al no saber que renunció.

—No lo sé, estaba tan distinta, muy delgada y su rostro estaba lleno de ojeras, Wolf. No la reconocí entonces cuando me reclamó que el pastel estaba caduco discutí con ella y cuando vi su ID en la mesa…

— ¿Pastel? ¡¿Cuál pastel?!

—Pasó por mi negocio, compró un pequeño pastel y se celebró a si misma su cumpleaños…

— ¡¿Le vendiste uno de tus horribles pasteles a MI chica?!

—Deja termino esto, Wolf—Me interrumpe y su voz suena cada vez más temblorosa—El caso es que se quejó de que estaba caduco y peleamos, le dije que no tenía gusto en sus papilas gustativas y me respondió que me tragara el resto.

Bien, entre las peores variables uno de sus horribles pasteles no suena tan catastrófico…

— ¿Y si estaba caduco? Seguro solo sabe mal como todos tus postres insípidos...

—Después de que se fue noté que el pan estaba verde, juro que no sabía que uno de mis empleados en lugar de desechar un pastel viejo del aparador lo dejó ahí.

¡¿Le vendió un pastel CADUCO en SU CUMPLEAÑOS a MI CHICA?!

— ¡SI SERÁS IMBÉCIL! ¡¿NO LA DETUVISTE?!

Ed me detiene con sus brazos antes de que me aviente sobre Liam.

—¡No sabía que estabas buscándola, Wolf ni siquiera la reconocí! Tenía una mirada perdida… No se parecía en nada al angelito alegre y borracho del hotel. Era más… Como si le persiguiera la muerte.

Me esperaba que estuviera molesta no que tuviera un aspecto como ese.

— ¡Er, contrólate, es tu amigo Liam!

Ya había agarrado por el cuello a mi mejor amigo y lo estaba sacudiendo. Yo también traigo un aspecto deplorable.

No solo estaba molesta conmigo, decepcionada, sintiéndose sola y traicionada por su única amiga, con temor a su padre porque ni siquiera le he contado que me deshice de él… ¡Sumado a tantas cosas ahora un pastel caduco en su propio cumpleaños!

—Me odia, me va a odiar por toda su vida…—Digo tapando mi rostro arañandome con las falanges de cada dedo con mis piernas débiles a punto de desplomarme.

—¡Er, cálmate!

—No entiendo ¿Por qué busca a la señorita Beckham?

—Ella renunció, Roberts.

Liam se queda en silencio un momento y saca su celular. Hace algunas llamadas, finalmente conecta con Sarah.

Al otro lado del teléfono se escuchan sus gritos y molestia completa por el altavoz. Me amenazó con regresarse hasta remando con una cuchara pero que me va a alcanzar para ahorcarme, lo hará, no es una treta. Es entonces que su esposo, Josh Bury toma el teléfono.

{Mi esposa está muy alterada, además de tener cambios hormonales intensos por el embarazo, ella está muy preocupada por Beckham}

—Lo entiendo, puede desquitarse todo lo que quiera conmigo después. La verdad es que no he podido encontrar a Cady desde las 10 de la mañana. Ella renunció y…

¡#$%##! La voz de Sarah me está maldiciendo mientras suelta un montón de groserías y amenazas para mi detrás de Bury.

{Bien, primero todos deben guardar la calma. No la conozco tanto como mi esposa, pero estuve a su lado lo suficiente como para conocer sus pasos}

Bury me aclaró muchas ideas y en poco rato ya tenía al menos algo en claro: Solo hay tres lugares a los que Cady iría en caso de sentirse acorralada, la primera visitando a su madre y a su abuela en el cementerio. La segunda regresar “a casa” y el tercero es la universidad.

{Si el plan de Cady fuera alejarse de todos, lo más seguro es que no se irá sin antes despedirse de mi suegro. Es casi como el padre que Dawson nunca fue con ella--}

Josh Bury ha dado en el clavo, a pesar de parecer el muñeco-accesorio de la mejor amiga de Cadence en realidad tiene algo en él que lleva una máscara e incluso una capa igual que todos nosotros. Su voz suena un poco seria y calculadora, como el abogado que es.

El día de hoy debido a esta búsqueda en común todos decidimos mostrar nuestra verdadera cara.

—Bien. Ya tenemos un lugar sólido donde buscar.

Liam preocupado de que tenga un accidente por manejar alterado se ofrece en llevarme en Mercy, sigo molesto con él, a regañadientes le dije que vaya al cementerio a revisar si ha estado ahí o sigue en ese lugar. Él se disculpa varias veces antes de correr a la puerta para seguir su encomienda.

***

No ha regresado al departamento así que solo quedan dos opciones.

Afuera del edificio editorial Edward me persigue, me exige las llaves de Tyley, se las doy, soy un manojo de nervios que no puede pensar nada por su cuenta. Mientras estamos en el camino que parece ser inmensamente largo, Ed intenta bromear para liberar la tensión que hay.

— ¿Cómo puedes bromear y estar tan calmado? Ella también te gusta ¿No es así? ¿No te preocupa su bienestar?

—Er, ya te dije esa noche que ella me agrada pero no de la misma forma que a ti.

— ¿Entonces por qué anduviste rondándola como buitre y saliendo con ella a mis espaldas?

—De verdad que eres… —Ed murmulla y me ve a los ojos sin guardar su molestia—Er, te he visto cambiar tanto que hasta me ha dado la curiosidad de conocer a la chica que te ha puesto el mundo de cabeza. Sí, estoy un poco celoso pero no de ti por estar con ella sino por la cercanía que le permites cuando jamás me lo has permitido a pesar de que somos hermanos. Quería saber que le hacía tan especial como creía mi abuelo.

—No lo entiendo.

—Er, no celebras un cumpleaños jamás  y por ella te he visto horas alterado en el teléfono peleando con una pastelería. No dudo de lo importante que es ella para ti, es la primera vez que veo a alguien que puede lograr cambiar tu estado de ánimo e incluso ponerte celoso de tu propio hermano menor.

—Entonces me estuviste vigilando demasiado.

—Es lo único que podía hacer, Er. Nunca me has dejado acercarme por más que quise hacerlo. Luego llegó Beckham y… un día llegaste borracho al trabajo. —Suspira—  No solo eso, debí saberlo, las señales eran demasiado claras aunque no podía creérmelo. Todos estos años no ha dejado de revolotear en tu mente, incluso llamas a nuestro abuelo por el nombre que dijo mal ella. 

—No tenía idea de que me estimaras tanto como para notar todo eso.

—Somos hermanastros pero no estamos en el cuento de la cenicienta para llevarnos mal. Te quiero, Er—Acomoda su asiento— Y por eso sé que la vamos a encontrar.

—Incluso si la encuentro, me odia y nunca le he interesado como ella a mí.

—Si hubieras escuchado nuestras conversaciones estoy seguro que te sorprenderías, Er.

El semáforo en rojo parece una bomba de tiempo que ambos vemos con impaciencia.

—Yo también tengo un sobrenombre, Eden Wolf—Me dice Ed sin voltear a verme—Crees que soy un ángel inmaculado ¿no es así?

Ed golpetea el volante de Tyley sin dejar de mirar al frente.

—Me llaman….El duque… ¡SAN-GRIEN-TOOOO!

CREEEEEEAAAAK

 Para mi sorpresa, en el momento que el semáforo cambia a color verde, el desgraciado se convierte en corredor de la F1. Aceleró como si lo llevara el diablo ¿Qué fue lo último que dijo? ¡No escuché la última palabra!

—Le dije que soy adoptado—Menciona girando el volante como si fuera una conversación casual mientras se derrapa entre curvas— ¿Sabes que me respondió?

Aunque quisiera preguntarle mis manos están más ocupadas en aferrarse al asiento y por primera vez en mi vida le voy rezando a cada dios existente para no matarnos en el camino.

—¡¡Dijo que un vampiro criado por lobos puede ser un lobo también!!

Debería sorprenderme, pero todo lo que Cadence escribió en la historia acaba de cobrar un nuevo sentido cuando veo la sonrisa siniestra de Edward y el brillo casi carmesí en sus ojos al sentirse el amo de la velocidad.

***

Lo que al principio parecía una larga y tortuosa distancia hasta la universidad se fue acortando y mi desesperación se calmó un poco conversando con Edward, quien por cierto maneja como un completo desquiciado. Él me contó las conversaciones que tuvieron y que en efecto, todas fueron sobre mí.

Ya me acostumbré al brincoteo y sacudidas abruptas, incluso me he resignado que Tyley acabe como chatarra en manos de este sanguinario de las carreras.

A comparación de perder a Cadence el riesgo de perder la vida por un accidente automovilístico no es nada.

— ¿Y si no me perdona, Ed?—Tyley se zangolotea con brusquedad.

—Entonces discúlpate hasta que te sientas satisfecho. Si esa mujer es como dices, todo saldrá bien. Aunque estás algo loco sabrá comprenderte.

No más loco que tú, lo aseguro.

Por supuesto eso no se lo digo en la cara, qué escondido se lo tenía mi hermano menor, Bloody Duke, el piloto de carreras clandestinas nocturnas que siempre va de traje blanco.

En cuanto llegamos a la universidad, Edward se fue a aparcar (decentemente) y me dejó en el campus muy cerca de la oficina del psicólogo Bingley. Al poner mis pies en tierra ni siquiera la revelación de identidad oculta de mi hermano ocupa mis pensamientos.

Lo único que deseo, mi único objetivo, es encontrarla y aclarar todo.

Mientras recorro el largo camino delante veo una banca, una joven sentada ahí en un momento tan vívido de cuando yo no sabía lo mucho que me atraía. Sin embargo mi memoria subconciente es tan buena que recuerdo hasta la ropa que llevaba y el nombre del libro que llevaba en sus manos “Cumbres Borrascosas” de Emily Bronte mientras tomaba notas.

Apretujo mi mano contra el pecho, no es momento de dejarme llevar por recuerdos del pasado. Camino y paso de largo la banca mientras su recuerdo se desvanece como un fantasma. Evito mirar atrás hasta que finalmente entro al edificio donde busco diligente la oficina de psicología.

Toco la puerta, nadie responde.  En la placa viene el horario del Señor Bingley, ya debió salir hace buen rato así que buscarlo será inútil.

Tendré que pedirle a la endemoniada amiga de Cadence el teléfono del señor Bingley. Tampoco puedo ir a ningún lugar porque Tyley está en manos de Ed, que espero haya moderado la velocidad pues nos encontramos en campus universitario.

[El señor Bingley no se encuentra]

Escribo con resignación.

[De acuerdo, espérame en la entrada en 10 minutos]

Ed llegará pronto y podremos ir a otro sitio a buscar a mi Honey bun. Por el momento estoy estancado en el limbo pues ya no hay más pistas para encontrarla.

Resignado salgo del edificio, volteo y me siento atraído nuevamente a la banca.  La veo a ella de nuevo, ahí sentada, es solo su recuerdo pero la extraño tanto que no puedo evitar tratar de alcanzarla como si fuera un espejismo.

A veces tomaba la excusa del programa especial en que estaba involucrado Publicaciones Eardwulf para encontrar nuevos talentos en literatura, no me interesaba ser embajador representando a la empresa pues me quitaba mucho de mi tiempo el visitar la universidad. Pero lo hice y jamás falté una sola vez, tampoco me olvidaba de caminar cerca de esa banca y observarla mientras escribía en su cuaderno. Sus muecas al escribir me parecían divertidas pero no quería admitirlo.

Ella no lo sabe y creo que yo tampoco me di cuenta hasta hoy, era mi pasatiempo verla ahí sentada. No necesitaba nada más, podía estarme varios minutos observando. Mi escusa era que esperaba al rector o a cualquier persona, no quería admitir que solo deseaba verla.

Hasta el día en que, atraído como insecto a la luz, caminé hacia ella quien estaba de espaldas muy concentrada con el trabajo de su universidad. Era una estudiante ejemplar, tenía méritos por sus trabajos. Nada me es más atractivo que una mujer inteligente que se esfuerza por sí misma. Entonces, me acerqué a ella y leí una parte de su ensayo en silencio.

“Cumbres borrascosas, la epítome de las relaciones tóxicas” Una parte del ensayo describía a Heathcliff como un narcisista y tenía varios puntos que por alguna razón me pareció muy ofensivo. Como si ella me estuviera describiendo o algo así.

Hablé en voz alta, ella sintió mi presencia, pero no le sorprendió. Supe en ese instante que ella estaba por demás enterada que por mucho tiempo la estuve observando. Como si eso me diera permiso, fui y me senté a su lado, discutimos sobre su ensayo. Cadence siempre miraba al suelo en la oficina y era como un conejo asustado. Excepto cuando estaba afuera en el entorno de la universidad. Ella se convertía en una mujer que podía decirme lo que pensaba como si fuera su colega.

Me gustaba, ella me gustaba tanto que encerré esos sentimientos detrás de una máscara, entre mujeres y mi supuesta vida normal. Porque al verla en esa banca me recordaba a “ella” mi primera novia autonombrada que ni siquiera duró más de una noche. La maldita dijo que me buscaría, que tendríamos citas al menos dos horas por día.

Esa “becaria” me recordaba mucho a ella y aunque la joven que vestía orejas de conejo nunca llegó al parque como quedamos, de vez en cuando me daba vueltas a la hora acordada esperando encontrarla. Después llegó Cadence y me fui olvidando de esa chica poco a poco.

Esa joven "becaria" me gustaba mucho, desde que tocó por primera vez la puerta de mi oficina hasta hoy, no hizo más que golpear suavemente cada día hasta que mi corazón se ablandó.

Me fastidiaba que me dijera “Señor” porque me marcaba fuertemente la gran diferencia de edad que tenemos. Ya había tenido un altercado con una niña por ello, tambien me recordaba a esa otra chica que me llamaba “señor lobo” quien nunca regresó y me dejó esperando. Por eso me juré a mí mismo después de que alguien menor que yo me jugó al tira-enrolla que no volvería a aceptar a una mujer que fuera menor que yo.

Pero llegó Cadence y cualquier juramento se fue a la basura, dejé de esperar a mi pareja destinada. Y ahora estoy decidido, aunque sé que es demasiado tarde, la tomaré a ella, solo a ella.

Sentado en esa misma banca me enconcho tapándome el rostro. Si tan solo hubiera entendido esas señales podría haber comenzado algo muy hermoso desde antes.

— ¿Dónde estás, Cadence? —Digo en voz alta esperando que el viento lleve mi mensaje hasta ella.

Cuando te vea no podré controlarme, te quiero tanto que me va a estallar el corazón por la incertidumbre ¡Me siento vacío sin ti, regresa, déjame encontrarte!

— ¿Joven Eardwulf?

Justo cuando siento como caigo en la desesperación, el Señor Bingley nuevamente me ilumina el camino.

Maika Maese

¡Todos llevan una máscara! Con la primera parte de su "Escena Final" comienza el primer acto, Cady finalmente recordó lo que "Él" le hacía sentir, al mismo tiempo mantiene una relación de noviazgo con el joven Alfa por quien también tiene fuertes emociones a flor de piel. El editor incomprendido quien al principio fue un cretino tuvo un cambio completo de corazón y con la humildad de un hombre enamorado busca con desesperación alguna pista que le lleve hacia la mujer que desea abrazar con todas sus fuerzas. Al punto de sentirse débil sin su compañía, deposita sus únicas esperanzas en Bjorn Bingley, el terapeuta de Cady.

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