La idea había estado rondando mi cabeza todo el día, creciendo con cada minuto, como una espina imposible de ignorar. Al llegar la tarde, supe que no podía seguir evitándolo. Necesitaba respuestas.
Le escribí un mensaje a Xander: Hoy quiero irme a mi apartamento, necesito descansar en casa.
Tardó apenas un par de minutos en responder, pero la espera fue suficiente para que comenzara a imaginar mil escenarios posibles. Finalmente, apareció en la puerta de mi oficina. Tenía el teléfono en la mano