Había mil maneras de romperse un corazón. Descubrí que la más cruel era en silencio, observando desde la distancia cómo el hombre que había sido tu ancla, tu refugio seguro, le sonreía a tu peor enemiga con una familiaridad que te helaba los huesos.
La terraza del Hotel St. Regis era un teatro de lujo y poder. Las luces tenues se reflejaban en las copas de cristal, y el murmullo de las conversaciones era una sinfonía de dinero y ambición. Yo era una actriz más en esa obra, sentada sola en una m