IVY
Había forjado una tregua con mi adversario. Y mientras salíamos juntos de esa sala de juntas, ya no como enemigos, sino como dos generales al mando del mismo ejército, no sabía si eso era una victoria… o el error más grande de mi vida.
Regresamos a mi oficina en un silencio denso, pero ya no era el silencio helado de la distancia, sino uno cargado de estrategia y de preguntas sin formular. La adrenalina de la reunión aún corría por mis venas, una corriente eléctrica que mantenía a raya el a