Estábamos de pie, en el umbral de mi oficina, el eco de nuestro pacto aún vibrando en el aire. “Somos socios, ¿recuerdas?”. La frase de Xander, dicha con una suavidad que no le era propia, se había quedado suspendida entre nosotros, una promesa tan frágil como el cristal. Por primera vez en meses, sentía que no estaba sola en la trinchera. La carga, aunque inmensa, parecía un poco más ligera.
Él asintió y se giró para irse. Pero justo en ese momento, su tablet, que había dejado sobre la mesa, e