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El silencio que siguió a las palabras de Syrah no fue inmediato.

Primero llegó el viento.

Un soplo profundo que atravesó el claro como si el bosque entero hubiera exhalado al mismo tiempo. Las hojas secas giraron sobre la plataforma de piedra, arrastradas por la corriente que se arremolinaba entre las cuatro columnas del santuario.

Luego llegó el peso.

No un peso físico.

Uno antiguo.

La sensación de que el lugar mismo estaba observando.

Ashen lo sintió antes de que nadie se moviera. Su postura
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