XENIA
Antes de perder la compostura, abrí los labios. Adriel quiso seguirlos, pero lo aparté.
—¿Qué...? ¿Por qué hiciste eso? —preguntó sorprendido. Su brazo seguía alrededor de mi cintura.
—Mejor así que no vuelvas a sentir mi puño. —Retiré su mano de mi cintura y retrocedí un poco—. Alguien podría vernos. No quiero chismes.
Adriel sonrió con suficiencia. —¿Eso es lo que estás pensando?
—Claro. Quiero una vida tranquila —respondí bruscamente.
—Eso es fácil de arreglar. —Adriel me agarró justo