treinta y ocho

XENIA

No quería quedarme más tiempo en el hospital, así que insistí en que Adriel me diera el alta. Al principio no quiso aceptar, pero lo amenacé diciéndole que no le hablaría si no me dejaba ir.

Él insistió en acompañarme. No tuve más opción que permitirle llevarme, aunque solo hasta la casa de mi abuela Gertrude. Eso estaba bien, ya que también podía visitarlos. Solo le pedí a Adriel que no mencionara a mi familia lo que me había pasado, porque no quería preocupar a mi abuela.

Simplemente lo
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