treinta y cuatro

XENIA

Mis movimientos fueron rápidos cuando la persona audaz me arrastró hacia el rincón. Le agarré la mano y de inmediato me coloqué detrás de él. Lo empujé al instante y estampé su cuerpo contra la pared, a punto de golpearlo en el costado cuando habló.

—Joder, Zee. ¡Soy yo, Onyx! —gimió una voz conocida.

Fruncí el ceño. —¿Onyx? —Miré su rostro con atención y confirmé que realmente era él—. Mierda, Onyx. ¿Qué demonios haces aquí? ¿Y cómo entraste? —pregunté mientras soltaba su brazo.

Se giró hacia mí, quejándose mientras se sujetaba el brazo que le había agarrado. —Maldición. Debería ser yo quien te pregunte eso. ¿Qué haces en este lugar? Havoc te ha estado llamando desde hace rato, pero no contestas. Y quizá lo olvidaste, soy un agente secreto. Puedo entrar sin pasar por la entrada principal.

Puse los ojos en blanco. Tenía razón. ¿Pero por qué se veía tan alterado?

—Dejé mi teléfono…

—¿Qué? ¿Qué te pasa? Precisamente por eso te dieron el teléfono, para que lo lleves contigo en todo
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