El silencio de la casa de Mark era más denso que el humo de un incendio apagado. Cada rincón parecía guardar el eco de una derrota anunciada. Las cortinas medio cerradas dejaban entrar solo un hilo de luz grisácea, proyectando sombras largas y espectrales sobre los muebles desgastados que parecían testigos mudos de una historia de dolor y desencuentros.
Alicia se detuvo en el umbral de la sala, observando la figura hundida de su ex esposo. Mark estaba sentado en un sillón desgastado, cuya tela