La mandíbula de Beth se apretó. La pregunta era como una telaraña enredada en la que estaba atrapada. Le lanzó una mirada fulminante, su respuesta cortante y sin emociones.
—No lo sé.
La mente de Beth se agitaba con pensamientos de su padrastro, el hombre que había sido la raíz de tantos de sus problemas. No tenía deseo de mantener ningún contacto con él.
Todos esos años, su madre había soportado su tortura porque él una vez la había ayudado cuando más lo necesitaba. Pero no tenían que cargar e