Mientras continuaba escaneando los documentos, las letras comenzaron a bailar ante sus ojos, difuminándose en un revoltijo ilegible. El pánico surgió a través de ella. Parpadeando rápidamente, presionó su frente contra sus sienes, deseando que el mareo retrocediera. Pero el mundo alrededor de ella parecía inclinarse y tambalear, la habitación difuminándose en los bordes.
—Señorita Morgan, ¿estás bien?
El mundo se inclinó aún más mientras Beth intentaba enfocarse en él. Sus rasgos nadaban en una