Un pesado silencio descendió sobre la habitación. Aurora miró a Beth con el asombro grabado en su rostro; solo había estado bromeando, pero Beth se había tomado su oferta con una seriedad sorprendente.
—¿Y qué pasa con Alexander? —logró tartamudear Aurora, aún en estado de shock.
Beth no estaba segura de cómo reaccionaría su marido, pero no iba a permitir que Aurora se sintiera mal.
—No te preocupes —aseguró, forzando una sonrisa—. Ya encontraré la forma de compensarlo.
La sonrisa era suave per