Cuando Beth llegó a su ciudad natal, ya era tarde. Se apresuró directamente a la casa de la señora Green, un nudo familiar de preocupación apretándose en su pecho. La vista que la recibió envió una sacudida a través de ella. La señora Green, una vez un retrato de salud robusta, se veía frágil y encogida. El corazón de Beth dolía.
—Beth, has venido —jadeó la señora Green, una tos sacudiendo su marco delgado.
Pero a pesar de su debilidad, su agarre en las manos de Beth era sorprendentemente firme