AXEL SALVATORE ROSSI.
Verla darme acceso a su cuerpo de mala gana me hizo algo. Me sentí como un imbécil, intentando aprovecharme de una dulce e inocente niña. Tenía 20 años, cumpliría 21 en unos meses, y yo cumpliría 30 en un par de semanas.
Sabía que era virgen, y esa era la parte que me excitaba, que me atraía hacia ella. Pero, extrañamente, se sentía mal. No podía hacer esto, ella no se lo merecía.
Separé sus piernas, abriéndolas para poder deslizarme dentro de su húmedo y chorreante agujer