OLIVIA.Madam Rosa era muy amable. Y tras unas pocas palabras y conversaciones, me encontré abriéndome a ella. Tenía una vibra parecida a la de mi madre, y eso hizo que la echara aún más de menos.“Todo irá bien, cariño”. Su voz me calmó, y sus manos secaron las lágrimas de mi rostro. Pero aun así, me sentía pesada por dentro.“¿Él suele ser así?”. Le pregunté mientras me quitaba la ropa. Me sentí un poco avergonzada, de pie, desnuda frente a ella. Me sentía como una niña pequeña a punto de ser bañada por su madre.“No tienes que sentir vergüenza conmigo, querida”. Notó mi timidez. “Y no, Axel no suele ser así”.Axel… Me pregunté si permitía que cualquiera lo llamara de ese modo.Suspiré mientras sus manos me guiaban hacia la bañera. El agua estaba muy caliente y sentí cómo mi cuerpo empezaba a relajarse.“La mayoría de las chicas a las que suelo atender están heridas o apenas respirando”. Dijo, haciendo que arquease las cejas con curiosidad. “Pero tú estás perfectamente bien. Y ademá
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