—Hanna Cicarelli Sinclair —
—No aguanto mis pies.— reclama Mel, lanzándose al sofá que está dispuesto en la sala de la casa de los abuelos.
—Deja de quejarte Mel, no llevas ni cinco minutos con esos tacones, además no entiendo para qué te los pusiste si podías venir de lo más cómoda con zapatillas, como yo.
—Antes muerta, que sencilla mujer. Además, son mis hermanos los que se casan hoy.
—Entonces no reclames, vieja refunfuñona.
—¿Qué les pasa a mis chicas favoritas?
—Nada que le pueda imp