Los pasos aterrorizados y descoordinados de los tres políticos que huían resonaron con fuerza por el largo pasillo de mármol. Las pesadas puertas de cristal del solárium se cerraron tras ellos, aislando por completo a Isabel y a Santiago dentro del cálido santuario perfumado a jazmín. La destrucción absoluta del senador Arturo Morales había tomado exactamente tres minutos. El aire de la habitación seguía siendo increíblemente denso, cargado con la aterradora y letal energía de un multimillonari