El silencio absoluto y paralizante en el gran vestíbulo de la Hacienda de Luna era más pesado que el plomo sólido. Los enormes candelabros de cristal en lo alto proyectaban una luz brillante e implacable sobre el pulido suelo de mármol. Todos y cada uno de los miembros del personal de servicio permanecieron completamente congelados en su lugar. El mayordomo principal estaba de pie cerca de la gran escalera con la boca ligeramente abierta, totalmente incapaz de procesar la visión imposible que t