El ascensor ejecutivo descendió rápidamente hacia el estacionamiento subterráneo. Los brillantes números rojos sobre las puertas de metal hacían la cuenta regresiva de los pisos con un campanilleo suave y repetitivo. Isabel estaba completamente sola en la pequeña caja de acero. Apoyó su cabeza cansada contra la fría pared de metal y cerró los ojos. Pasaban de las nueve de la noche. Había pasado todo el día escondida detrás de altísimas pilas de documentos de fusiones corporativas, pero el entor