La cena formal, agónicamente tensa, concluyó por fin en una atmósfera de silencio tóxico y asfixiante. Elena ofreció una disculpa dulce y completamente falsa por su repentina fatiga y se retiró a su suite asignada en el aislado ala este de invitados. Lucía la siguió poco después, con sus ojos oscuros brillando de triunfo malicioso. Isabel y Santiago caminaron juntos por la amplia escalera de mármol, manteniendo una fachada totalmente impecable de compostura absoluta ante las miradas atentas del