La absoluta y paralizante conmoción del gran vestíbulo se había asentado finalmente en un tenso y sumamente calculado enfrentamiento corporativo. Santiago no podía simplemente convocar a su equipo de seguridad y arrojar a la novia fugitiva a los fríos adoquines del camino de entrada. Tenía las manos temporalmente atadas por complejos contratos de transporte internacional. El padre de Elena era un despiadado magnate marítimo que actualmente poseía una participación masiva del treinta por ciento