Posesión y protección.
Mateo nos miró a ambos, intentando comprender por qué Adrián parecía a punto de lanzarlo contra una pared de cristal.
—¿Me perdí de algo? —preguntó Mateo con cautela.
—Nada importante —respondió Adrián antes de que pudiera hablar.
Sonreí dulcemente—. Tu amiga simplemente tiene problemas de control.
Mateo rió suavemente, aunque Adrián ni pestañeó. Su mano seguía aferrada a mi brazo como si se hubiera olvidado de soltarme.
—La estás lastimando —señaló Mateo.
Solo entonces Adrián aflojó un poco el