El aire en el ático de los Vance todavía vibraba con la presencia crítica de Bunny, la señora había regado sus malas vibras por todas partes.
Daniela sentía que si se quedaba un minuto más bajo la mirada de rayos X de la mujer, terminaría por desintegrarse.
Por eso, cuando Elliot la tomó de la mano y la guio hacia el ascensor privado, el alivio fue casi instantáneo.
Bajaron en silencio, pero no era un silencio tenso, sino uno cargado de complicidad.
Al salir a la marquesina del edificio, una