Daniela contuvo el aliento, pegándose tanto a la columna que sentía la rugosidad de la madera contra su espalda descubierta.
A pocos metros, las voces de Enma y Fabián se filtraban entre el estruendo de la música, cargadas de una aspereza que nada tenía que ver con el romance que fingían en público.
La fachada de "pareja perfecta" se desmoronaba por las costuras ante sus propios ojos.
—¡Ya te dije que te pagaría pronto, Fabián! No me presiones —siseó Enma, con una voz afilada que cortaba el a