La luz del Caribe se filtró por las rendijas de las pesadas cortinas motorizadas, dibujando líneas de oro sobre el desorden de la suite.
El aroma de las rosas, ahora un poco más pesado y dulce por el encierro de la noche, flotaba en el aire mezclándose con el rastro del perfume de Elliot y el eco de los azotes que aún hacían vibrar la piel de Daniela.
Ella abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso reconfortante del brazo de Elliot rodeando su cintura, una cadena de carne y hueso que la man