EMILIA
Llegué a la casa con muchas cosas en la cabeza, pues el encuentro de Renata y mi papá solo confirmaron mis sospechas de que él estaba confabulando con Darkhole para perjudicar a mi marido. Los pies protestaban por los tacones tan altos que había vestido en todo el día.
La mansión estaba en su habitual calma elegante, con el perfume a lavanda flotando desde los pasillos y la música instrumental susurrando desde algún rincón oculto, pero yo no quería paz, por primera vez en mucho tiempo.
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