EMILIA
— ¿Me odiabas? ¿O solo lo fingías?
Mi voz salió más baja de lo que pretendía, pero el filo de la pregunta se sintió como un disparo en medio del silencio que nos rodeaba. El aire en la sala se volvió denso, como si hasta las paredes contuvieran la respiración. Cada palabra mía tenía filo, pero también cicatriz. No era una acusación, era una súplica disfrazada.
Tenía las emociones a flor de piel y. . . El hecho de que Brandon estuviera viéndome desde las sombras, apoyándome en mi carrera,