EMILIA
El vino seguía servido en la copa, intacto, como yo, que había vuelto a sentarme en el comedor con la misma pose que hace una hora, pero con el corazón latiéndome diferente.
El rostro de Brandon seguía en mi mente: su sonrisa encantadora, sus ojos que parecían suplicarme confianza. Y sin embargo, yo ya lo sabía. Él sabía que yo era Bishop Moon y no me lo había dicho.
¿Por qué no me lo había dicho? ¿Para mantenerme alejada de él? ¿Entonces, por qué insistió en que yo no supiera? Recuerdo