Antes de que Emma pudiera ponerse la playera de Benedict, tocaron a la puerta con suavidad.
Ella frunció el ceño. Por un segundo pensó que era él de regreso, pero la voz al otro lado la hizo reaccionar, además recordó que Benedict jamás llamaba a la puerta.
—Señorita, el médico ha vuelto.
Emma abrió la puerta de inmediato. Lo había olvidado por completo. El hombre entró con su maletín, serio, profesional. Ella se sentó en el borde de la cama mientras él comenzaba a hacer preguntas de rutina.