—No pasa nada —soltó Noah con una rapidez que delataba sus nervios mientras Mariana se acercaba a ambos con paso decidido.
La pelirroja los recorrió con una mirada afilada, deteniéndose especialmente en la postura defensiva de Emma. No era tonta y el ambiente en el jardín se sentía lo suficientemente pesado como para encender todas sus alarmas.
—Creí ver que estaban discutiendo desde la entrada —dijo Mariana, entornando los ojos y observando los detenidamente.
—Viste mal —respondió Emma de