Benedict se retiró a su despacho apenas terminó la cena, arrastrando con él una carpeta llena de pendientes que no podían esperar al amanecer. Emma se quedó un momento en el comedor, procesando la escena que había presenciado entre su abuela y Robert. La tensión era innegable, un hilo invisible que parecía conectar dos épocas distintas. Sintiéndose inquieta y con la mente trabajando a mil por hora, fue a la cocina para preparar un café cargado. Necesitaba una excusa para entrar en el refugio de