La voz alta y grave del Alfa seguía llamándolo, feroz e impaciente, resonando por el patio.
Sus músculos ya estaban tensos, pero ahora se retorcieron aún más mientras Asher apretaba el mango de su espada con fuerza, sintiendo la madera ceder bajo sus dedos.
La rabia lo invadía como el veneno más poderoso para un macho, consumiéndolo por completo. Apenas podía soportar la idea de que esa voz pertenecía al Alfa Turner, el mismo que le había quitado todo.
Pero la voz del Alfa era inconfundible par