60. Algo cambió
CRYSTAL
Había despertado sola; el otro lado de la cama estaba frío, como si nunca hubiera estado alguien allí. En la pequeña mesa reposaba una bandeja con comida que seguramente había sido dejada hace un tiempo.
Me levanté sin querer hacerlo; cada parte de mi cuerpo dolía como si me hubiese caído de una montaña y hubiese rodado hasta caer muerta.
Bajé la mirada a mi cuerpo, abriendo mucho los ojos ante el montón de marcas que me dejó Ezra. Mis pechos eran, por mucho, los peores; incluso pued